Edward Bernays

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El Profesor Doctor Edward L. Bernays Freud

Considerado el mejor experto en Relaciones Públicas del mundo, asesor de Presidentes de Estados Unidos, de la Casa Blanca, de Gobiernos de países y empresas líderes, así como pionero mundial de la profesión. En 1985 fué presidente honorifico de ESERP y le dió un gran impulso.

Caso: La moralidad periodistica.

 

Seguramente, hablando de la moralidad de los periódicos, el señor Mencken, en el artículo ya citado, encuentra que al fin y a la postre él ha escrito copiosamente sobre la moralidad popular y muy poco acerca de la moralidad de prensa.


Pero, dice el señor Mencken, como ya he dicho antes, la una es la otra. El periódico debe adaptarse sus argumentos a los límites morales de sus clientes, de la misma manera que un abogado adapta los suyos a los límites morales del jurado. Puede que a ninguno de los dos les guste la tarea, pero han de enfrentarse a ella si quieren ganar sus casos.


Por otra parte, al escribir desde el punto de vista del que piensa que el gusto del público no necesita justificación, Ralph Pulitzer da la razón al señor Mencken en cuanto a que la opinión de la prensa la establece el público; justifica el sensacionalismo al no encontrar ni extraordinario ni culpable que la gente y la prensa estén más interesadas en lo polémico que en el tópico; en la culpa que en la belleza; en el ataque que en la alabanza.


Incluso el señor Leupp llega a la conclusión de que no importa lo que digamos del lado menos loable de la prensa moderna, tenemos que admitir que los periódicos, al igual que los gobiernos, son un reflejo del público al que sirven. Charles Dudley Warner llegó a decir que por muy censurable que fuese el carácter de un periódico, siempre es un poco mejor que los clientes de quienes depende para su apoyo.


Rollo Ogden, con una experiencia inusualmente amplia en un periódico tan bien considerado como ningún otro en América, declaraque este tira y afloja entre el público y la prensa es vital para el concepto del periodismo americano.


El editor no proyecta indiferentemente sus pensamientos al vacío. Escucha el eco de sus palabras. Su relación con los que le apoyan no es diferente de la definición de Gladstone de la íntima conexión entre el orador y su audiencia. De la misma manera que el orador recibe de sus oyentes un reflejo de lo que les da en abundancia, el periódico lo recibe su público mientras lo influye. A menudo recibe como polvo lo que devuelve como barro; pero eso no altera la relación. Acción y reacción tienen lugar constantemente entre la prensa y su clientela. De aquí que la responsabilidad de los males más evidentes del periodismo ha de ser dividida.


La misma interacción tiene lugar en relación con las otras fuerzas que moldean la opinión pública. El predicador sostiene los ideales de la sociedad. Conduce a su rebaño a donde éste le indica una disposición a que lo conduzca. Ibsen crea una revolución cuando la sociedad está madura para ella. El público responde a la buena música y las buenas películas y las pide aún mejores. Dar al público lo que quiere es la mitad del consejo. Lo que quiere y lo que se le da están fusionados por una química especial. La prensa, la sala de conferencias, el cine y el público conducen y son conducidos unos por otros.