Edward Bernays

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El Profesor Doctor Edward L. Bernays Freud

Considerado el mejor experto en Relaciones Públicas del mundo, asesor de Presidentes de Estados Unidos, de la Casa Blanca, de Gobiernos de países y empresas líderes, así como pionero mundial de la profesión. En 1985 fué presidente honorifico de ESERP y le dió un gran impulso.

El objeto del asesor en Relaciones Públicas y casos prácticos reales.

 

 

 

Una nueva expresión acaba de aparecer este año, 1923, en nuestra lengua y es la de asesor en Relaciones con los públicos que yo he bautizado y elegido por primera vez en el mundo para definir el trabajo que realizo para mis clientes. ¿Qué es lo que significa?

En realidad, sólo unos pocos comprenden por completo esta expresión, y estos pocos la comprenden porque están íntimamente relacionados con esta nueva actividad. Pero a pesar de ello, las actividades del asesor en relaciones con los públicos afectan la vida diaria de toda la población de una u otra forma, directa o indirectamente.

Debido al extraordinario y reciente crecimiento de la profesión de asesor en Relaciones Públicas y la carencia de información disponible sobre ella, sus objetivos y funciones están envueltos en un halo de misterio. Para el hombre corriente, la profesión permanece inexplicada, tanto en relación a su forma de operar como en relación a sus logros, objetivos y funciones. Quizá la idea más definida sobre la profesión sea la de un hombre que, de una u otra manera, produce ese mal vagamente definido que conocemos por propaganda, que extiende una impresión que colorea la psique del público en lo relativo a ideologías, gobiernos, partidos políticos. Aun así, como señalaremos en breve, probablemente no exista otra profesión que, en los últimos diez años, haya extendido su campo de utilidad de forma más notable y que haya tocado aspectos íntimos e importantes de la vida cotidiana de forma más significativa que la profesión del asesor en Relaciones Públicas.

Ni siquiera existe un nombre con que se haya caracterizado la nueva profesión. Algunos usan el término de propagandista para referirse al asesor en Relaciones Públicas. Otros lo llaman agente de prensa o agente publicitario. John L. Given, el autor de un libro excelente sobre el periodista escrito durante la última década, no menciona para nada al asesoren Relaciones Públicas. Limita sus referencias al conocido agente de prensa.

Muchas organizaciones modernas no se molestan en considerar un nombre individual y asignana un funcionario ya existente las funciones del asesor en Relaciones Públicas. El vicepresidente de un banco es su asesor en Relaciones Públicas reconocido. Algunos desestiman el tema o condenan la profesión entera en general y a todos sus miembros en particular.

El examen de las razones de esta desaprobación pone al descubierto que está basada en lo que no son más que impresiones vagas y diluidas.

Lo cierto es que probablemente los mismos hombres involucrados en la profesión no están tan dispuestos a definir su trabajo como lo está el público en general. Sin duda, esto se debe, en gran medida, al hecho de que sea una nueva profesión. Mucho más importante, sin embargo, es el hecho de que la mayoría de las actividades humanas se basan en la experiencia antes que en el análisis como ocurre en nuestra profesión.

El Juez Cardozo, del Tribunal de Apelación del Estado de Nueva York, encuentra la misma ausencia de definición funcional en la psique judicial. “El trabajo de decidir sobre un caso”, dice, “continúa cada día en cientos de tribunales por todo el país. Cualquier juez, se podría suponer, debería fácilmente describir el proceso seguido más de mil veces. Nada podría estar más lejos de la verdad. Si cualquier persona inteligente de la calle le pide que se lo explique, no pasará mucho tiempo antes de refugiarse en la excusa de que el lenguaje de la judicatura es ininteligible para los que no han seguido los estudios de derecho. Tal excusa puede procurar una cierta respetabilidad a lo que no es más que una ignominiosa rendición. A duras penas servirá para apaciguar la curiosidad. En momentos de introspección, cuando no existe ya la necesidad de acallar al interlocutor no iniciado con una muestra de sabiduría, el inquietante problema volverá a pedirnos una solución: ¿Qué es lo que hago cuando decido sobre un caso?”

He seleccionado unos cuantos ejemplos de mis propios expedientes y de la historia reciente todavía fresca en la memoria del público que, en cierta medida, pueden dar una idea de la variedad del trabajo del asesor en Relaciones Públicas y del tipo de problemas que intenta resolver.

Estos ejemplos muestran que las responsabilidades del asesor en Relaciones Públicas comprenden la dirección y supervisión de las actividades de sus clientes en todo lo que concierne a la vida cotidiana del público. Interpreta a su cliente ante el público, cosa de la que es capaz por que también interpreta al público ante el cliente. Ofrece su asesoramiento en todas las ocasiones en las que su cliente aparece ante el público, tanto de forma concreta como en forma conceptual. En conclusión, es un experto en públicos y en organizaciones y hace que coincidan sus intereses beneficiando a ambas partes. No sólo ofrece sus consejos sobre las actitudes y acciones a llevar a cabo, sino sobre el uso de medios que reejan sus acciones ante el público que se desea alcanzar, ya sean medios impresos, visuales o radiofónicos es decir, publicidad, conferencias, escenarios, púlpitos, periódicos, fotografías, telegramas, correos o cualquier otra forma de comunicación.